La Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) destacó la estrategia de preparación implementada por Nueva Zelanda ante la llegada de la Influenza Aviar Altamente Patógena (IAAP) H5N1, luego de que el país confirmara su primera detección del virus en julio de 2026.
Durante varios años, Nueva Zelanda se mantuvo libre de H5N1 mientras el virus se propagaba por distintos continentes y provocaba mortalidad en aves silvestres, brotes en aves de corral e infecciones en diversas especies de mamíferos.
Ante este escenario, las autoridades neozelandesas optaron por utilizar el periodo de ausencia de la enfermedad para fortalecer sus capacidades de vigilancia, bioseguridad y respuesta, bajo el enfoque de Una Sola Salud.
La coordinación como clave de la preparación
La estrategia involucró al Ministerio de Industrias Primarias (MPI), el Departamento de Conservación (DOC), el Ministerio de Salud y Salud Nueva Zelanda | Te Whatu Ora, además de la industria avícola, especialistas en fauna silvestre, iwi, organizaciones de conservación, laboratorios y otros actores.
La planificación partió de reconocer que una eventual incursión de H5N1 podría generar impactos simultáneos en la sanidad animal, la biodiversidad, la producción avícola, el comercio y potencialmente la salud pública.
La Dra. Mary van Andel, jefa veterinaria y delegada de la OMSA en Nueva Zelanda, destacó que la experiencia internacional con la IAAP ha demostrado que un evento de sanidad animal puede extender sus consecuencias hacia la vida silvestre, la producción de alimentos e incluso la salud humana, por lo que la coordinación anticipada permite comprender los riesgos y responder con mayor rapidez.
Nueva Zelanda también fortaleció la bioseguridad en las granjas avícolas y desarrolló planes de respuesta ante emergencias. En 2025, el gobierno y el sector avícola formalizaron un acuerdo operativo para la IAAP y otras enfermedades aviares exóticas.
Vacunación para proteger especies amenazadas
Uno de los elementos de la preparación neozelandesa fue el desarrollo de un programa experimental de vacunación dirigido a especies de aves nativas amenazadas.
Antes de la llegada del H5N1, el Departamento de Conservación realizó durante un año un ensayo con hasta 10 ejemplares de cinco especies: kākāpō, takahē, kakī o cigüeñuela negra, tchūriwat/tūturuatu o chorlito costero, y kākāriki o periquito.
El objetivo no era establecer una vacunación masiva de aves silvestres, sino determinar si esta herramienta podía aportar una capa adicional de protección a poblaciones pequeñas y bajo manejo intensivo, cuya supervivencia podría verse comprometida por un brote de gran magnitud.
Los resultados mostraron que las cinco especies desarrollaron una respuesta inicial de anticuerpos y no presentaron reacciones adversas.
La detección de H5N1 puso a prueba la preparación
Nueva Zelanda confirmó el 15 de julio de 2026 su primera detección de H5N1 en un págalo pardo. La identificación modificó el escenario epidemiológico del país, pero las autoridades ya contaban con sistemas de vigilancia, mecanismos de coordinación y planes de respuesta previamente desarrollados.
Para la OMSA, la experiencia neozelandesa demuestra que la preparación no necesariamente evita que un agente patógeno atraviese una frontera, especialmente cuando se trata de movimientos de fauna silvestre, pero sí puede mejorar sustancialmente la capacidad de respuesta.